"Esta impresionante e histórica edificación fue el origen y el punto de partida de la actual Aracena. La majestuosa fortaleza que hoy corona nuestro pueblo estaba dividida con gran acierto en dos espacios bien claros: el patio de armas y el alcázar, ambos separados de manera férrea por una muralla interior donde destacaba con luz propia la robusta Torre Mayor. Las numerosas evidencias arqueológicas encontradas en el cerro nos indican que el lugar vivió dos grandes e importantes momentos de ocupación musulmana antes de la llegada de los cristianos. La primera etapa corresponde a los siglos X al XI, en los momentos de máximo esplendor del Califato de Córdoba y del posterior Reino Taifa de Sevilla. La segunda etapa andalusí se desarrolló desde el siglo XII hasta mediados del siglo XIII, cuando estas tierras formaron parte de los imperios norteafricanos almorávide y almohade.
Poco después, a mediados del siglo XIII, el castillo fue construido en su fisonomía medieval actual, manteniéndose con un uso defensivo continuo hasta principios del siglo XVI, momento en el que fue perdiendo de manera progresiva su funcionalidad militar. Sin embargo, la pólvora y los soldados volvieron a habitar sus estancias siglos más tarde; durante los siglos XVII y XIX, el viejo baluarte fue utilizado nuevamente como acuartelamiento estratégico de tropas durante el duro conflicto de la Restauración portuguesa y, posteriormente, durante la ocupación francesa en los convulsos años de la Guerra de la Independencia."