Esta auténtica joya monumental, cobijada en los majestuosos Llanos de la Belleza, es el testimonio vivo de que Roma se enamoró de nuestra sierra. Esta gran ciudad fue fundada en tiempos del emperador Augusto, a finales del siglo I a.C. (allá por los años 15-10 a.C.), y estuvo llena de vida hasta que se abandonó en torno al siglo IV d.C. Gracias a los arqueólogos, hoy podemos pasear y contemplar las entrañas de sus edificios más sagrados y significativos: el Foro o plaza pública (donde se cocía toda la política), el mercado, las termas para sus baños, el campus, la robusta muralla y su necrópolis.
Además, vas a poder meterte en los que fueron los hogares de los antiguos señores romanos visitando tres ejemplos de su arquitectura doméstica: la Casa de la Columna, la Casa Norte y la Casa del Peristilo. Por si fuera poco, el enclave guarda un tesoro mudéjar bellísimo: la medieval ermita de San Mamés, que se levantó con todo el arte del mundo justo encima de la antigua basílica romana. ¡Una locura de mezcla!