Para cualquier arroyenco, el inicio de octubre representa el momento más esperado de todo el calendario. Las Fiestas Patronales en honor a la Virgen del Rosario trascienden la mera celebración: son el reencuentro de la comunidad con sus raíces y el reflejo de la devoción de un pueblo que se vuelca por entero en sus calles.
Durante estos días, el aroma de lasfachadas recién encaladas se mezcla con el aire fresco que desciende de los picos más altos de la comarca. La salida procesional de la Patrona por el entramado histórico es un acto de una solemnidad sobrecogedora; las calles se engalanan con mantones en los balcones y el paso de la imagen suscita un respeto profundo entre las distintas generaciones de vecinos.
Tras los cultos, la festividad se traslada a la plaza y a los espacios de convivencia, donde la gastronomía de la tierra y la hospitalidad serrana toman el protagonismo en un ambiente de sobria elegancia y alegría compartida.