La Feria de Agosto es la explosión de alegría pura que llevamos esperando todo el año.
A mediados de agosto, cuando el calor aprieta de verdad en la dehesa, Aroche entero se traslada al recinto ferial. Para los arochenos esta feria es el punto de encuentro por excelencia. Es volver a ver a los primos que viven en la capital, al amigo de la infancia que solo viene en vacaciones y a los vecinos de toda la vida vestidos de punta en blanco. Las mañanas y tardes de feria son de paseo a caballo, con los enganches luciendo impecables por las calles y el Real; y las noches... ¡ay, las noches arochenas! Con ese fresquito que baja de la sierra a última hora, la plaza y las casetas se llenan de un ambiente de cháchara, sevillanas, risas y copas que no se apaga hasta que el sol empieza a despuntar por el perfil del Castillo.